Categoría: Textos
Enviado: 03:34 lunes, mayo 09 2005, Editado: 05:44 martes, mayo 10 2005

Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma nada en serio.
A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos
rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede
porque es un poco cegatón y bastante torpe de las manos.
Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo,
o Mahoma, o mi tía Sofi, para que nos digan que nos portemos bien.
Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez
grande se traga el chico, que la lagartija grande se traga a la
pequeña, que el hombre se traga el hombre. Y por eso inventó la
muerte: para que la vida
-no tú ni yo-, la vida, sea para siempre.
Ahora los cientificos salen con su teoría del Big Bang... Pero
¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se
contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes.
A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye
bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y
travieso que el otro día descubrí que ha hecho
-frente al ataque de
los antibióticos- ¡bacterias mutantes!
Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus
soldaditos de plomo de carne y hueso, hace campos de flores o pinta
el cielo de una manera increíble.
Mueve una mano y hace el mar, mueve otra y hace el bosque. Y cuando
pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.
Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas,
caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y
desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -se agita
y crece- cuando Dios se aleja.
Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis amigos,
el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la
pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce,
la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy.
A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.
- Joaquin.Sabines -